Cuando la vida no me sonría, cuando veinticinco tipos de hormonas compitan por mi torrente sanguíneo, cuando se me caiga el pecho y la barriga se me llene de estrías, cuando sea madre y ya no una ejecutiva agresiva, cuando quiera dedicarme únicamente a mis sueños aun en contra tuya, cuando me tire pedos en el sofá, cuando mi ira asuste a los mismos dioses, cuando me levante por la mañana con mis rizos en una maraña, cuando se me caiga el maquillaje, cuando se apaguen las luces, cuando me lleve la locura de la ilusión, cuando me veas depilarme las piernas, cuando necesite estar sola y rehuya tu contacto, cuando no me apetezca salir, cuando quiera hablar contigo a las cuatro de la mañana, cuando el glamour se vaya, cuando las cosas no vayan bien, cuando esté tan enferma que no me pueda mover, cuando sea vulnerable, cuando el deseo se me haga tan inaguantable que acabe pagándolo contigo, cuando yo misma me odie porque he hecho algo mal, cuando te defraude, cuando tú me defraudes a mí, cuando me sienta insegura, cuando me duela el alma, cuando mi lengua se vuelva tan viperina que las serpientes tengan envidia, cuando no sepa la respuesta a tus preguntas, cuando descubras que soy tan humana como tú...
Cuando todo esto pase, ¿me querrás? ¿Amarás a mi lado oscuro? ¿Amarás mi senectud y mis carnes flácidas? ¿Amarás mi lado más torpe, estúpido e infantil? ¿Amarás mi ira, mis miedos? ¿Seguirás queriendo estar conmigo cuando sea lo menos cercano a tu mujer ideal? ¿Seguirás inmerso en la locura del amor, aunque duela?
martes, 8 de julio de 2014
lunes, 7 de julio de 2014
Midas
Dices que convierto en oro todo lo que toco porque pongo el corazón en todo lo que hago, pero no quiero ser como el Rey Midas. Aparte de que la afirmación no es cierta, sobre todo, no quiero que sea así contigo. Tu cuerpo es de carne y sangre, de vísceras y huesos, de pensamientos y emociones, pero parece de mármol blanco, me recuerda al David, ilustre inquilino de la Galería de la Academia. Insistes en que tienes defectos. Lo siento, te digo, eso no lo veo al contemplar extasiada la perfección de tus proporciones. Ya eres perfecto, ya eres maravilloso, por dentro y por fuera. No necesitas convertirte en oro porque ya eres una joya. Y te quiero.
domingo, 6 de julio de 2014
Vendedores de ataúdes
De algo hay que morir.
De diabetes, de un ataque al corazón, de mal de amores, de delirium tremens, de soledad, de un fallo hepático, de un ictus, de gripe, de dengue, de una flebitis, de cólera, de peste bubónica, de hambre, de parto, de cáncer, de depresión, de un tiro en la nuca...
De dulzura, de alegría, de amor, de fiesta, de compañía, de exceso de energía, de querer olvidar, de cualquier cosa, de una picadura, de ser demasiado callado, de ser pobre, de ser pío, de querer ser perfecto, de vida, de tomarse las injusticias a pecho, de pensar, de luchar por tus ideales...
La vida implica el riesgo de morir. Aquí todos somos vendedores de ataúdes. Sin excepción.
De diabetes, de un ataque al corazón, de mal de amores, de delirium tremens, de soledad, de un fallo hepático, de un ictus, de gripe, de dengue, de una flebitis, de cólera, de peste bubónica, de hambre, de parto, de cáncer, de depresión, de un tiro en la nuca...
De dulzura, de alegría, de amor, de fiesta, de compañía, de exceso de energía, de querer olvidar, de cualquier cosa, de una picadura, de ser demasiado callado, de ser pobre, de ser pío, de querer ser perfecto, de vida, de tomarse las injusticias a pecho, de pensar, de luchar por tus ideales...
La vida implica el riesgo de morir. Aquí todos somos vendedores de ataúdes. Sin excepción.
Lo que pasa cuando vuelas
Hay muchas formas de ir por esta vida y casi siempre vamos pasando de una a otra. Puedes ir con el viento de cara o a la espalda, puedes ir andando, corriendo o volando, y estados intermedios.
Últimamente siento que vuelo. Lo que pasa cuando vuelas es que ya no quieres volver a caminar ni a correr, sólo volar. El vuelo se convierte en adictivo, incluyendo ver las cosas desde lejos, ver las circunstancias completas y no el detalle. El paisaje adquiere nuevos matices, como ver Sierra Nevada desde el Mediterráneo y darte cuenta de lo indecentemente hermosa y enorme que es.
A veces echo de menos caminar, que no correr (como diría mi padre, correr es de cobardes), y ver a mi alrededor las flores, llenarme los pies de barro y seguir el desarrollo completo que me llevó a estar como estoy, no importa lo jodido que fuera porque lo volvería a hacer. Pero luego me doy cuenta de lo bien que estoy y no quiero que esto se acabe, no quiero aterrizar. Aunque sé que tarde o temprano tendré que hacerlo porque todo en esta vida tiene un final. Seguimos estando en un paraíso prestado, y por eso mismo se tiene miedo a un aterrizaje de emergencia.
Al menos cuando estás en el suelo ya no puedes seguir cayendo. Mientras tanto, qué hermoso es el mundo cuando se lo ve desde las alturas.
Últimamente siento que vuelo. Lo que pasa cuando vuelas es que ya no quieres volver a caminar ni a correr, sólo volar. El vuelo se convierte en adictivo, incluyendo ver las cosas desde lejos, ver las circunstancias completas y no el detalle. El paisaje adquiere nuevos matices, como ver Sierra Nevada desde el Mediterráneo y darte cuenta de lo indecentemente hermosa y enorme que es.
A veces echo de menos caminar, que no correr (como diría mi padre, correr es de cobardes), y ver a mi alrededor las flores, llenarme los pies de barro y seguir el desarrollo completo que me llevó a estar como estoy, no importa lo jodido que fuera porque lo volvería a hacer. Pero luego me doy cuenta de lo bien que estoy y no quiero que esto se acabe, no quiero aterrizar. Aunque sé que tarde o temprano tendré que hacerlo porque todo en esta vida tiene un final. Seguimos estando en un paraíso prestado, y por eso mismo se tiene miedo a un aterrizaje de emergencia.
Al menos cuando estás en el suelo ya no puedes seguir cayendo. Mientras tanto, qué hermoso es el mundo cuando se lo ve desde las alturas.
jueves, 3 de julio de 2014
Cuatro quintas
Hay cuatro quintas que me salvan la vida. Cuatro quintas por las que toda la armonía de este mundo tiene sentido. El puñetero número áureo del sonido.
Y las cuatro son mías.
Y las cuatro son mías.
miércoles, 2 de julio de 2014
En la biblioteca de los libros que nunca se escribieron
Hoy he vuelto a dejar una obra mía en la biblioteca de los libros que nunca llegaron a escribirse. Ésa que está sólo en el país del Señor del Sueño, donde hay un bibliotecario que viste un traje polvoriento y un cuervo que habla porque antaño fuera un hombre.
Como siempre, otra obra cumbre de mi mundo interior que queda disponible para soñadores de todas las nacionalidades, con argumento cambiante para todos los gustos y traducido a todos los idiomas hablados y por hablar. Qué fácil parece para este cerebro mío hacer historias de la nada, entregarlas en mitad de la noche y luego hacerlas desaparecer en un simple abrir y cerrar de ojos: el de mi primer pestañeo al levantarme por la mañana. No soy la única, porque ya sabemos que la biblioteca de los libros que nunca llegaron a escribirse está llena de primeras ediciones de grandes autores como Shakespeare, Cervantes, Pío Baroja, tú y yo. Volúmenes que cogen polvo en estanterías hasta que los pide prestados el bibliotecario de las gafas de aumento y el traje pasado de moda (aunque no para el sueño), un soñador que se acerca por allí o el Señor del Sueño mismo. El préstamo dura tan sólo una noche, el tiempo que tarda otro soñador en escribir otra gran obra que en realidad nunca ha llegado a escribirse.
Cuánto daño me ha hecho Neil Gaiman, que ahora cuando sueño que escribo un libro siempre acabo entregándolo directamente en la biblioteca de los libros que nunca se escribieron.
Como siempre, otra obra cumbre de mi mundo interior que queda disponible para soñadores de todas las nacionalidades, con argumento cambiante para todos los gustos y traducido a todos los idiomas hablados y por hablar. Qué fácil parece para este cerebro mío hacer historias de la nada, entregarlas en mitad de la noche y luego hacerlas desaparecer en un simple abrir y cerrar de ojos: el de mi primer pestañeo al levantarme por la mañana. No soy la única, porque ya sabemos que la biblioteca de los libros que nunca llegaron a escribirse está llena de primeras ediciones de grandes autores como Shakespeare, Cervantes, Pío Baroja, tú y yo. Volúmenes que cogen polvo en estanterías hasta que los pide prestados el bibliotecario de las gafas de aumento y el traje pasado de moda (aunque no para el sueño), un soñador que se acerca por allí o el Señor del Sueño mismo. El préstamo dura tan sólo una noche, el tiempo que tarda otro soñador en escribir otra gran obra que en realidad nunca ha llegado a escribirse.
Cuánto daño me ha hecho Neil Gaiman, que ahora cuando sueño que escribo un libro siempre acabo entregándolo directamente en la biblioteca de los libros que nunca se escribieron.
martes, 1 de julio de 2014
Nieve en el desierto
Máscaras. Cáscaras. Muros. Protecciones. Quitamiedos. Capas. Cebollas.
Cuántas veces me he sentido subida en una encimera y vapuleada para que muestre lo que hay debajo de mi piel blanca. Cuántas veces he rechazado ser parte del sofrito. No soy una cebolla cortada, soy una cebolla completa con todas mis capas. Dejo que me las quite quien quiero que me las quite, con años, con paciencia, con cariño. No soy una Roma que se consigue en un día ni en dos. Ya no.
Soy una cebolla completa y completa quiero seguir estando. Me he prometido que completa, con todas mis capas, estaré siempre, hasta el día que me muera. De lo contrario habrá lágrimas, y no seré yo quien las llore. Y no de cocodrilo, lágrimas de verdad. Y cuantas más lágrimas haya, más picarán los ojos porque así somos las cebollas cuando no se nos toma tal y como somos y cuando se nos quiere "cortar" con determinado patrón. No importa cuántas maquinitas se tenga para cortarnos, siempre haremos llorar si no nos dejan ser como somos.
Toda mi vida me rebelaré a ser parte de ese mejunje de calificaciones y clasificaciones de la sociedad, a todos esos patrones. A veces seré una santa, a veces seré lo que empieza por P. Unas veces seré una madre, otras una hija, otras veces una maestra, tu ángel y tu peor enemigo.
Soy una cebolla. Soy imposible. Soy lo que existe sólo en tu imaginación. Soy lo que escapa a toda la lógica. Soy tú. Soy yo. Soy nieve en el desierto.
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