domingo, 28 de mayo de 2017

¿Y si...?

¿Y si se desinfla todo como un globo?

¿Y si no puedo?

¿Y si no estoy a la altura?

¿Y si todo es un sueño?

¿Y si me doy de bruces?

La vida es un cúmulo de Y sis...

Por favor, destino, universo, todo, hazlo realidad. Déjame experimentarlo, que me lo merezco.

jueves, 25 de mayo de 2017

Quién me iba a decir a mí

Quién me iba a decir, la primera vez que entramos en esta casa y paseamos por sus estancias vacías, todo lo que aquí hemos vivido.

Quién me lo iba a decir, entre paredes desconchadas que se cubren con manos de pintura, entre enchufes que no terminaban de funcionar y entre grifos sin conectar, que algún día formaría aquí una familia.

Quién me lo diría hace cinco o seis años, a mí, que acumulé tantas cajas de pizza en mitad de la desidia que me producía vivir aquí.

Y aunque no llamo a esto hogar, porque el hogar es donde está el corazón y el mío está sólo con mi familia, ahora, por primera vez, está florecida toda mi terraza.

Supongo que eso sólo puede significar que el final de un ciclo está cerca.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Karchata

Dos amigas se sientan a tomar el té. Las dos están enamoradas del mismo hombre. Una ha envenenado la taza de la otra. La víctima se da cuenta de que ha sido envenenada al primer sorbo.
Se pelean. En realidad, ambas están muertas. Y así siguen, día tras día, tras el hombre, el mismo hombre que, en realidad, las ignora.
Adoro este tipo de fábula macabra.


jueves, 27 de abril de 2017

El vacío

Hay un vacío, es un vacío oscuro y doloroso, hay un espacio profundo desprovisto de estrellas, de energía, de sol, de calor.

Hay un vacío y alrededor hay una extraña fuerza, como eléctrica, que me produce una repulsión casi irresistible. Tengo que aguantarme las náuseas, que me suben como en oleadas desde el estómago. Siento mi propia bilis.

Es un autómata de corazón y mente. Un juguete roto. El espacio dejado por una explosión termonuclear. Lleva encima el olor de un millar de cucarachas.

viernes, 3 de marzo de 2017

Sin excusas sobre el techo de cristal

Voy a decir la verdad sobre lo que se siente tras volver de una baja por maternidad. Te llevas seis meses fuera y parece que todo el mundo a tu alrededor haya cambiado, y más si trabajas en una multinacional o en una consultora grande (como es mi caso). Como has estado fuera, te has quitado de en medio todas las buenas oportunidades de ascender en tu departamento, y ahora tienes al último en llegar con un salario mayor que el tuyo. No te enteras de la mitad de los estándares que han cambiado y encima (¡encima!) te toca un producto peliagudo o nuevo y ni te acuerdas de cómo era eso de liderar las reuniones.

Es verdad que ahora no tengo tantas ganas de trabajar para ascender porque el cuerpo no me da para tanto. Mi sueño laboral es una tarjeta con saldo ilimitado para la máquina de café de la oficina. Algunos viernes a las ocho de la mañana me conformaría con eso. Esta mañana me ha invitado a café el reponedor de la máquina y casi le pongo un monumento.

Es verdad que no hay igualdad, bla bla bla. Ok. Es verdad.

Pero tampoco voy a poner ninguna excusa de más.

Hoy en día, para ascender, medrar, mejorar, ganar más dinero, etc etc, es necesario invertir un poco en una misma (o uno mismo) de antemano. Las cosas no van a venir de la noche a la mañana ni el ascenso te va a estar esperando por tu cara bonita, antes, durante o después de tu baja por maternidad. Ni antes, durante o después de tus x años en tu puesto.

Así que, a pesar de que escribo esto medio frita porque duermo muy poco y me levanté esta mañana a las seis de la mañana, aquí estoy, escuchando a un tío hablar sobre una certificación que quiero para prosperar en mi trabajo. Porque sí, soy madre, y sí, tengo vagina, y sí, supuestamente tengo un techo de cristal en mi desarrollo profesional, peeero no voy a cambiar eso si no me pongo manos a la obra. Y sin excusas.

Por supuesto, con un niño a la teta.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Maduraste

Maduraste, creciste, fuiste diferente. Me gustas más como eres ahora que como eras antes, aunque me gustabas mucho también cuando te conocí. Han pasado diez años desde aquel día de verano en el que vi tus ojos verdes por primera vez, y nueve desde que llegaste y me dijiste que estabas soltero porque lo habías dejado con tu novia y, oh casualidad, yo también había dejado a mi anterior pareja. Me gustabas, sobre todo (no voy a mentirte, creo que nunca lo he hecho) por fuera, porque por dentro no sabía qué esperar.

Yo no me gusto tanto, sobre todo por fuera. He tenido dos hijos contigo, peino algunas canas (aunque tampoco es exagerado y aún aguanto tres o cuatro meses sin tinte) y estoy considerablemente en peor forma. Cuando me miro en el espejo, veo a alguien que también se ha esforzado en madurar, que se ha dado cuenta de que algunas veces se comportó como una niña pequeña, sobre todo para lo malo. Sin embargo, por dentro es otra cosa. Por dentro, me gusta más esa persona a la que veo en el espejo, indudablemente. Como suelen decir, lo gorda o lo fea se quita, pero lo gilipollas no tiene cura. O sí. Quizá la cura se llame madurar. Todavía no lo sé.

No todo nuestro camino hasta ahora ha sido un camino de rosas. En realidad han sido diez años durísimos, de pruebas que nosotros mismos nos hemos puesto. Será eso a lo que llaman vivir. Llegamos a esta relación creyéndonos de vuelta de todo y, ay amigo, qué equivocados estábamos. La convivencia, la interferencia externa, la necesidad de aparentar, la vergüenza, la falta de confianza,un estilo comunicativo deficiente, la herencia de relaciones anteriores, y un millar de cosas más, nos han llevado hasta donde estamos porque así lo quisimos, porque nos lo buscamos. Aún me parece raro que sigamos juntos y, por qué no decirlo, mejor que el primer día. Pellízcame por si estoy soñando, pero tener una relación buena es posible después de todos los marrones por los que hemos pasado. Mi Yo de antes te habría mandado a freír espárragos. Mi Yo de ahora se siente feliz de no haberlo hecho.

Sea como fuere, gracias a ti me siento mejor persona. Gracias a ti, me gusta más por dentro esa mujer a la que miro en el espejo. Así me gustaría que fuera conforme sigamos madurando. Juntos.

Podría decir que lo nuestro fue un enamoramiento con el tiempo. De atracción mutua a realmente saber con quién se está y pasar a querer con quien estás. También pasar a quererse a uno mismo, de camino. Es algo de lo que estar agradecido.

Y no solíamos tener canción, no la buscamos, hasta que un día, simplemente y como nosotros mismos en mitad de este tándem, apareció.


miércoles, 2 de noviembre de 2016

Lo que veo

He tirado trastos, he ordenado mi casa y mi vida. He dotado de significado (positivo) lo que me rodea.
He encontrado que se pueden hacer maravillas con un bote de pintura y paciencia. Se puede convertir algo horrible en algo maravilloso.
Lo que veo a mi alrededor es el resultado de todo ese amor que hemos puesto en los objetos, en sanarlos y dotarlos de significado, y me hace feliz.
Vamos, que la reforma del salón ha quedado estupenda.