Nos dijeron que estábamos solos, que estábamos aislados, que sólo había un plan vital a seguir.
Nos dijeron que no valíamos, que la vida no merecía la pena fuera del área de actuación de quienes manejaban los hilos, quienes entendían "de verdad" cómo funcionaban las cosas.
Nos dijeron tantas cosas, y todas eran mentira.
Era mentira que estuviéramos solos, que sólo hubiera una salida y que no hubiera más opciones.
Era mentira que ellos y sólo ellos tuvieran la salvación.
Sucumbimos a la desesperación, y justo cuando lo hicimos, la vida nos dio una sorpresa.
Porque, cuando reunimos el valor de pedir ayuda, la gente se volcó y nos demostró que no era verdad eso de que estuviéramos solos, aislados y que sólo ellos tuvieran la verdad.
La vida nos tendió la mano cuando ellos la retiraron por salirnos de lo decidido de forma unilateral: SU plan maestro.
Y todos los espejismos cayeron hechos trizas.
Y todas las mentiras salieron a la luz.
Y entonces pudimos redescubrir nuestra verdad.
jueves, 30 de junio de 2016
miércoles, 29 de junio de 2016
El pajarito en la jaula
Es fácil ser un pájaro en una jaula cuando sólo has conocido jaulas. Yo llevo seis años en una. Lo dije hace seis años y lo digo ahora. Recuerdo cuando aquel día, harta de todo, dije "me habéis metido en una jaula y no sé si voy a poder salir de aquí".
Yo, atrapada para siempre, condenada, como Éowyn, a ser el pájaro en la jaula y la esposa del señor. Resulta aterrador.
El problema real de estar metido en una jaula podría ser el Síndrome de Estocolmo. Otro problema habitual es hacerse a la idea de que tienes que estar en esa jaula: la indefensión aprendida. Pero yo no tengo ninguno de esos dos problemas.
Porque, por azares del destino, en mi historia es el pájaro el que tiene el poder de verdad.
Este pájaro ha empezado a soñar, ya no con jaulas, sino con valles enteros.
Este pájaro ha empezado a soñar con la libertad.
Eso es lo que hace peligroso a un pájaro: que quiera escapar. Y yo tengo muchas ganas de hacerlo.
Así que sólo estoy esperando un descuido y una puerta abierta...
Yo, atrapada para siempre, condenada, como Éowyn, a ser el pájaro en la jaula y la esposa del señor. Resulta aterrador.
El problema real de estar metido en una jaula podría ser el Síndrome de Estocolmo. Otro problema habitual es hacerse a la idea de que tienes que estar en esa jaula: la indefensión aprendida. Pero yo no tengo ninguno de esos dos problemas.
Porque, por azares del destino, en mi historia es el pájaro el que tiene el poder de verdad.
Este pájaro ha empezado a soñar, ya no con jaulas, sino con valles enteros.
Este pájaro ha empezado a soñar con la libertad.
Eso es lo que hace peligroso a un pájaro: que quiera escapar. Y yo tengo muchas ganas de hacerlo.
Así que sólo estoy esperando un descuido y una puerta abierta...
martes, 28 de junio de 2016
Medicalización excesiva
Dicen que los cerebros embarazados encogen. Es verdad, doy fe. Normalmente tengo buena memoria, pero en mis dos embarazos he tenido que tener una lista de citas médicas en la pizarra blanca de mi despacho, de manera que ninguna se me pase. De lo contrario, el control del embarazo se convierte en un descontrol.
Me encanta ir a las ecos y ver a mi niño, igual que me encantó ir a las ecos y ver a mi niña. Sin embargo, encuentro este exceso de celo profesional, este exceso de medicalización, bastante intrusivo. Creo que tanto control y tanto seguimiento sólo crean más ansiedad en la madre.
Tengo seguro privado y durante un tiempo fui al médico tanto por esa vía como por la seguridad social. Me hacían dobles pesadas, me daban datos de mi hijo que no reflejaban la realidad. Como un percentil 18 que, dos semanas más tarde, era un perfecto percentil 50 en otro médico con otro ecógrafo. Cuando hay una alarma social por el virus Zika, que te digan que el diámetro de la cabeza de tu bebé está en el percentil 18 y has tenido síntomas de gripe, lo único que te crea es más ansiedad.
Así que opté por no hacerme más seguimientos de la privada. Aun así, tengo una bonita lista de citas en mi pizarra, con ecografías, bienestar fetal, la visita a la matrona, el médico de cabecera y los análisis. Todo por tener un poquito baja la hemoglobina, para después enterarme a través de una asociación que tener bajos ciertos niveles es relativamente normal al final del embarazo. Es decir, que no es que tenga anemia severa que cause problemas, sino que sólo se trata de un proceso fisiológico normal y que responde a cambios de mi cuerpo.
Otro tema parecido es el de la diabetes gestacional. Afortunadamente, no he tenido con ninguna de mis dos barrigas, pero es normal que haya una prevalencia altísima de ella en España: ¡si el chute de azúcar del test O'Sullivan es prácticamente indigerible!
Con las visitas al pediatra me pasa algo similar. Entiendo que haya que hacer visitas al poco de nacer, porque los niños recién nacidos son los más fastidiados en caso de problemas, pero también veo un exceso de preocupación, un exceso de celo y de control. Sobre todo con los pesos y la lactancia materna. Creo que quien debería valorar temas como la lactancia debería ser la matrona, no el pediatra, para después ir al pediatra con la información sobre posición, transferencia adecuada de leche, etc, es decir, un informe de la matrona con todo lo que se necesita saber antes de que un pediatra "diagnostique" una hipogalactia que, al final, no sea tal sino una falta de técnica. Porque ese tipo de diagnósticos no le corresponden al pediatra. Al final te encuentras a mamás que pesan a los nenes antes y después de lactar, una vez en semana o hasta a diario. Mamás que dan biberones pensando que "no tienen leche", y es porque nadie se ha preocupado en observar una toma tranquilamente con su bebé, observar su posición y orientarla sobre que "lactancia a demanda" no quiere decir 10 minutos, un pecho, cada 3 horas, sino cada vez que el bebé pida.
Creo que el embarazo, el parto y el nacimiento no son enfermedades, sino procesos normales, y como procesos normales deberían tomarse. Es cierto que hay que tener cierto control, pero a día de hoy hay demasiados protocolos y demasiado poco control de verdad. Se alarma a las mamás demasiado, se les pone en grupos de riesgo rápidamente, y no siempre se les informa de todas las opciones. Gracias a los dioses por internet y a las asociaciones que hacen posible que algunas podamos tomar el control de nuestros cuerpos, y que no sea todo un mero protocolo.
Me encanta ir a las ecos y ver a mi niño, igual que me encantó ir a las ecos y ver a mi niña. Sin embargo, encuentro este exceso de celo profesional, este exceso de medicalización, bastante intrusivo. Creo que tanto control y tanto seguimiento sólo crean más ansiedad en la madre.
Tengo seguro privado y durante un tiempo fui al médico tanto por esa vía como por la seguridad social. Me hacían dobles pesadas, me daban datos de mi hijo que no reflejaban la realidad. Como un percentil 18 que, dos semanas más tarde, era un perfecto percentil 50 en otro médico con otro ecógrafo. Cuando hay una alarma social por el virus Zika, que te digan que el diámetro de la cabeza de tu bebé está en el percentil 18 y has tenido síntomas de gripe, lo único que te crea es más ansiedad.
Así que opté por no hacerme más seguimientos de la privada. Aun así, tengo una bonita lista de citas en mi pizarra, con ecografías, bienestar fetal, la visita a la matrona, el médico de cabecera y los análisis. Todo por tener un poquito baja la hemoglobina, para después enterarme a través de una asociación que tener bajos ciertos niveles es relativamente normal al final del embarazo. Es decir, que no es que tenga anemia severa que cause problemas, sino que sólo se trata de un proceso fisiológico normal y que responde a cambios de mi cuerpo.
Otro tema parecido es el de la diabetes gestacional. Afortunadamente, no he tenido con ninguna de mis dos barrigas, pero es normal que haya una prevalencia altísima de ella en España: ¡si el chute de azúcar del test O'Sullivan es prácticamente indigerible!
Con las visitas al pediatra me pasa algo similar. Entiendo que haya que hacer visitas al poco de nacer, porque los niños recién nacidos son los más fastidiados en caso de problemas, pero también veo un exceso de preocupación, un exceso de celo y de control. Sobre todo con los pesos y la lactancia materna. Creo que quien debería valorar temas como la lactancia debería ser la matrona, no el pediatra, para después ir al pediatra con la información sobre posición, transferencia adecuada de leche, etc, es decir, un informe de la matrona con todo lo que se necesita saber antes de que un pediatra "diagnostique" una hipogalactia que, al final, no sea tal sino una falta de técnica. Porque ese tipo de diagnósticos no le corresponden al pediatra. Al final te encuentras a mamás que pesan a los nenes antes y después de lactar, una vez en semana o hasta a diario. Mamás que dan biberones pensando que "no tienen leche", y es porque nadie se ha preocupado en observar una toma tranquilamente con su bebé, observar su posición y orientarla sobre que "lactancia a demanda" no quiere decir 10 minutos, un pecho, cada 3 horas, sino cada vez que el bebé pida.
Creo que el embarazo, el parto y el nacimiento no son enfermedades, sino procesos normales, y como procesos normales deberían tomarse. Es cierto que hay que tener cierto control, pero a día de hoy hay demasiados protocolos y demasiado poco control de verdad. Se alarma a las mamás demasiado, se les pone en grupos de riesgo rápidamente, y no siempre se les informa de todas las opciones. Gracias a los dioses por internet y a las asociaciones que hacen posible que algunas podamos tomar el control de nuestros cuerpos, y que no sea todo un mero protocolo.
La liberación de la comprensión
Quizá he aprendido a valorar demasiado los riesgos, quizá me he convertido en una cascarrabias.
Pero sé que ciertas cualidades de mi personalidad y su aparente falta de comprensión me estaban creando un nudo en el estómago.
Ahora bien, qué tranquilidad se siente cuando eres comprendido en tu totalidad, cuando por fin se ve que no son ganas de aguar la fiesta, sino recalcar que existen ciertos riesgos y que se necesita tener un plan B.
Qué paz mental y emocional al notar que por fin se te entiende, que por un azar del destino esa positividad que siempre habías tenido no se ha esfumado, sino que se ha convertido en una sana cautela.
Y por primera vez en mucho tiempo, así me siento. Es un estado casi Zen, de placidez, de relax total, de libertad personal.
Pero sé que ciertas cualidades de mi personalidad y su aparente falta de comprensión me estaban creando un nudo en el estómago.
Ahora bien, qué tranquilidad se siente cuando eres comprendido en tu totalidad, cuando por fin se ve que no son ganas de aguar la fiesta, sino recalcar que existen ciertos riesgos y que se necesita tener un plan B.
Qué paz mental y emocional al notar que por fin se te entiende, que por un azar del destino esa positividad que siempre habías tenido no se ha esfumado, sino que se ha convertido en una sana cautela.
Y por primera vez en mucho tiempo, así me siento. Es un estado casi Zen, de placidez, de relax total, de libertad personal.
domingo, 26 de junio de 2016
Hola
Hola, hijo:
Supongo que nunca leerás esto. Pero, de todas formas, quisiera escribírtelo por si en algún momento, dentro de muchos años, lo haces.
Llegaste a nuestra vida tan de sopetón que quizá no supe manejar el hecho de estar embarazada de nuevo. Durante mucho tiempo me pareció extraño volver a albergar vida, cuando hacía tan poco que me había estrenado como madre. También tuve muchas veces la sensación de que tu llegada era contraria a voces que se empeñaban en que no volviera a ser mamá.
Pero hiciste acto de presencia. Nada te importó ni te detuvo. Ni mis jornadas de trabajo maratonianas, ni las necesidades de tu hermana (que es una bebé de altísima demanda y que ahora mismo, con catorce meses, tiene una mamitis tremenda), ni el proyecto laboral de tu papá. Me hiciste pasar un primer trimestre casi sin síntomas, para que no me pudiera quejar (y te lo agradezco muchísimo, créeme), un segundo trimestre muy bueno y un tercero infinitamente mejor que en mi anterior embarazo. Puede que esté en peor forma física, pero afronto tu parto con mucha ilusión.
Pero ahora me dice la doctora que tienes mucho sitio en mi útero y que, aunque ya es hora de que te des la vuelta, estás tomándote un daikiri y haciéndote largos en mi barriga. No te culpo: yo estaría igual, sobre todo con estos calores. Has pasado de cefálica a podálica, de ahí a transversa y ahora estás en una posición vertical que no soy capaz de discriminar, aunque creo que quizá estés de nalgas. Créeme si te digo que a estas alturas no sé qué es tu cabeza y qué tu trasero. En la última foto estabas atravesado (ya no), lo que me casi garantizaba una bonita cesárea, siempre y cuando los médicos no consiguieran colocarte desde fuera.
Después de todo lo que hemos pasado juntos, he decidido que voy a tomarme tu indecisión para colocarte en cefálica como una señal de que necesito seguir conectando contigo, porque quizá haya estado muy poco atenta a que volvía a estar embarazada, y de que ese embarazo en realidad era mucho más porque eras tú. Así que aquí estoy, Ulises, escribiéndote esta carta, esperando que surta efecto y te pongas en posición cefálica de una buena vez. O de nalgas. Pero por favor, que te pueda parir, cielo, que parir es muy fácil y una cesárea es un verdadero coñazo. Que no es porque lo sepa por experiencia (no lo sé), pero no hay que ser muy listo para darse cuenta de que es un rollo que te rajen.
Hagamos esto juntos, como un equipo, ¿vale? Ponte de cabeza, tesoro. Mamá te está esperando.
Te quiero, hijo.
Supongo que nunca leerás esto. Pero, de todas formas, quisiera escribírtelo por si en algún momento, dentro de muchos años, lo haces.
Llegaste a nuestra vida tan de sopetón que quizá no supe manejar el hecho de estar embarazada de nuevo. Durante mucho tiempo me pareció extraño volver a albergar vida, cuando hacía tan poco que me había estrenado como madre. También tuve muchas veces la sensación de que tu llegada era contraria a voces que se empeñaban en que no volviera a ser mamá.
Pero hiciste acto de presencia. Nada te importó ni te detuvo. Ni mis jornadas de trabajo maratonianas, ni las necesidades de tu hermana (que es una bebé de altísima demanda y que ahora mismo, con catorce meses, tiene una mamitis tremenda), ni el proyecto laboral de tu papá. Me hiciste pasar un primer trimestre casi sin síntomas, para que no me pudiera quejar (y te lo agradezco muchísimo, créeme), un segundo trimestre muy bueno y un tercero infinitamente mejor que en mi anterior embarazo. Puede que esté en peor forma física, pero afronto tu parto con mucha ilusión.
Pero ahora me dice la doctora que tienes mucho sitio en mi útero y que, aunque ya es hora de que te des la vuelta, estás tomándote un daikiri y haciéndote largos en mi barriga. No te culpo: yo estaría igual, sobre todo con estos calores. Has pasado de cefálica a podálica, de ahí a transversa y ahora estás en una posición vertical que no soy capaz de discriminar, aunque creo que quizá estés de nalgas. Créeme si te digo que a estas alturas no sé qué es tu cabeza y qué tu trasero. En la última foto estabas atravesado (ya no), lo que me casi garantizaba una bonita cesárea, siempre y cuando los médicos no consiguieran colocarte desde fuera.
Después de todo lo que hemos pasado juntos, he decidido que voy a tomarme tu indecisión para colocarte en cefálica como una señal de que necesito seguir conectando contigo, porque quizá haya estado muy poco atenta a que volvía a estar embarazada, y de que ese embarazo en realidad era mucho más porque eras tú. Así que aquí estoy, Ulises, escribiéndote esta carta, esperando que surta efecto y te pongas en posición cefálica de una buena vez. O de nalgas. Pero por favor, que te pueda parir, cielo, que parir es muy fácil y una cesárea es un verdadero coñazo. Que no es porque lo sepa por experiencia (no lo sé), pero no hay que ser muy listo para darse cuenta de que es un rollo que te rajen.
Hagamos esto juntos, como un equipo, ¿vale? Ponte de cabeza, tesoro. Mamá te está esperando.
Te quiero, hijo.
lunes, 20 de junio de 2016
Diálogos de los 14 meses
- Luna, te voy a dar teta, ¿quieres?
- Tsssssií... (se golpea el pecho).
- Vamos a meterte en la Boba (el portabebés), ¿vale?
- No, ¡¡nonononononooooo!!
- Mira Luna, ¿quieres comer sandía?
- ¡Am! ¡Am am am am am am!
- Lo tomaré como un sí.
- ¡Am! ¡Am! ¡Am! (Roba un trozo de tostada con mantequilla)
- ¡Luna, ésa es mi tostada!
- ¡Am! Jejejeje... (se ríe y empieza a comerse la tostada)
- ¡Aaaaaaaaaaaaaaam!
- ¿Dónde vas con la botella de aceite? ¡Que la vas a romper!
- ¡Aaaaaaaaaaaaaammmmm! ¡Jajajaja!
- Ay nai nai nai... ¡aaaay! (Con ternura)
- Pobrecito el gato, déjalo anda.
- Tsssssií... (se golpea el pecho).
- Vamos a meterte en la Boba (el portabebés), ¿vale?
- No, ¡¡nonononononooooo!!
- Mira Luna, ¿quieres comer sandía?
- ¡Am! ¡Am am am am am am!
- Lo tomaré como un sí.
- ¡Am! ¡Am! ¡Am! (Roba un trozo de tostada con mantequilla)
- ¡Luna, ésa es mi tostada!
- ¡Am! Jejejeje... (se ríe y empieza a comerse la tostada)
- ¡Aaaaaaaaaaaaaaam!
- ¿Dónde vas con la botella de aceite? ¡Que la vas a romper!
- ¡Aaaaaaaaaaaaaammmmm! ¡Jajajaja!
- Ay nai nai nai... ¡aaaay! (Con ternura)
- Pobrecito el gato, déjalo anda.
viernes, 17 de junio de 2016
Las dos caras de los anticonceptivos hormonales
Tuve una trombosis hace unos años, con 27 años para ser más exactos, debido al uso durante sólo 3 años de anticonceptivos hormonales combinados. Por supuesto, antes de pedir que me recetaran la píldora, quizá debería haber pedido que me hubieran hecho un estudio de trombofilias, por descartar algo tan habitual en personas que tienden a las mismas cuando toman este tipo de medicación. Pero nadie me lo hizo, nadie me lo pidió, nadie lo preguntó y, la verdad, no tuve suficiente información. A día de hoy y con mis antecedentes, no volvería a tomar la píldora, me negaría, si hubiera sabido todos los riesgos que conlleva para mí. Por supuesto, hay muchas mujeres a las que les sienta genial, y olé por ellas, pero me gustaría que hubiera un poco más de conciencia social a este respecto. Las píldoras anticonceptivas NO son caramelos. NO deben recetarse a todo el mundo. NO han de darse sin un estudio pormenorizado previo de las pacientes, y menos sin hacer saber a la gente todos los riesgos que tienen. No somos conscientes de los riesgos a los que nos enfrentamos, por sólo echar un kiki ocasional sin plastiquito de por medio. No sé si ahora se hace de forma diferente, puesto que yo dejé la píldora hace ya bastantes años, pero hace tiempo, al menos, la rutina era no advertir de nada. Es más, ¡se animaba a las mujeres jóvenes a tomarlas! Existía cierto grado de presión social, incluso fuera de los ámbitos sanitarios. De hecho, ha sido fuera del ámbito sanitario donde se ha hecho más presión por la toma de la píldora y su normalización.
Yo me preguntaba por qué ese súbito interés de la sociedad. Al principio creí que eran los lobbies farmacéuticos. Luego llegué a otras conclusiones (aunque algunos dirán que no he descubierto América). La píldora ha hecho mucho por la liberación de la mujer, o es lo que se suele decir. ¿En serio? ¿Liberación? ¿Desde cuándo el periodo menstrual es algo limitante? No siempre lo es. Hay grados graves de dismenorrea, pero la mayor parte de las mujeres se alivian con un analgésico. A día de hoy, soy más partidaria de decir que los analgésicos han hecho mucho más por la liberación de la mujer que la píldora. También los tampones y las copas menstruales. Una de las "ventajas" que me dijeron que tenía la píldora era que sabías cuándo te venía la regla. Seamos sinceros: una mujer sabe cuándo le va a venir la regla si está atenta a su cuerpo. Y no hay que ser ingeniera aeronáutica para ello.
Por otro lado, esa "liberación" que nos planteó el feminismo de los 70, el que propugnaba la píldora, está obsoleta a todos los niveles, o eso creo yo. ¿Para qué va a tomar una mujer una sustancia potencialmente peligrosa, sólo para no quedarse embarazada? Para ser más productiva en el sistema, pudiendo hacer posible la bajada generalizada de sueldo, porque al aumentar la cantidad de personas (hombres y mujeres) que se dio durante la incorporación masiva de la mujer al trabajo, se pueden ofrecer sueldos infinitamente más bajos. La limitación de la maternidad hacía posible la dedicación casi exclusiva al trabajo. Bienvenidos a la nueva era de la esclavitud.
Los nuevos movimientos feministas contemplan que la menstruación y la ovulación no tienen por qué ser controladas, ni domadas, ni de alguna manera inhibidas mediante la farmacología. Me gusta el hecho de que se plantee el derecho de la mujer a conocer su propio cuerpo en su estado natural. También se plantea la similitud entre sentimientos/mujer/naturaleza, que hace que durante tanto tiempo el ser femenino sea considerado algo irracional y por tanto incontrolable. No es incontrolable, al igual que los sentimientos no nacen del corazón sino que nacen del mismo sitio de donde nacen los pensamientos: el cerebro. Pero, de alguna manera, se ha hecho pensar a la mujer que debía controlar esa parte de sí misma que estaba oculta, que estaba asociada a la fertilidad y a la procreación y, por ende, era misteriosa y, de algún modo, peligrosa.
Al final todo trata de una lucha de clases, de una lucha de poder o de una lucha ideológica. Y, muchas veces, de todo a la vez.
Yo me preguntaba por qué ese súbito interés de la sociedad. Al principio creí que eran los lobbies farmacéuticos. Luego llegué a otras conclusiones (aunque algunos dirán que no he descubierto América). La píldora ha hecho mucho por la liberación de la mujer, o es lo que se suele decir. ¿En serio? ¿Liberación? ¿Desde cuándo el periodo menstrual es algo limitante? No siempre lo es. Hay grados graves de dismenorrea, pero la mayor parte de las mujeres se alivian con un analgésico. A día de hoy, soy más partidaria de decir que los analgésicos han hecho mucho más por la liberación de la mujer que la píldora. También los tampones y las copas menstruales. Una de las "ventajas" que me dijeron que tenía la píldora era que sabías cuándo te venía la regla. Seamos sinceros: una mujer sabe cuándo le va a venir la regla si está atenta a su cuerpo. Y no hay que ser ingeniera aeronáutica para ello.
Por otro lado, esa "liberación" que nos planteó el feminismo de los 70, el que propugnaba la píldora, está obsoleta a todos los niveles, o eso creo yo. ¿Para qué va a tomar una mujer una sustancia potencialmente peligrosa, sólo para no quedarse embarazada? Para ser más productiva en el sistema, pudiendo hacer posible la bajada generalizada de sueldo, porque al aumentar la cantidad de personas (hombres y mujeres) que se dio durante la incorporación masiva de la mujer al trabajo, se pueden ofrecer sueldos infinitamente más bajos. La limitación de la maternidad hacía posible la dedicación casi exclusiva al trabajo. Bienvenidos a la nueva era de la esclavitud.
Los nuevos movimientos feministas contemplan que la menstruación y la ovulación no tienen por qué ser controladas, ni domadas, ni de alguna manera inhibidas mediante la farmacología. Me gusta el hecho de que se plantee el derecho de la mujer a conocer su propio cuerpo en su estado natural. También se plantea la similitud entre sentimientos/mujer/naturaleza, que hace que durante tanto tiempo el ser femenino sea considerado algo irracional y por tanto incontrolable. No es incontrolable, al igual que los sentimientos no nacen del corazón sino que nacen del mismo sitio de donde nacen los pensamientos: el cerebro. Pero, de alguna manera, se ha hecho pensar a la mujer que debía controlar esa parte de sí misma que estaba oculta, que estaba asociada a la fertilidad y a la procreación y, por ende, era misteriosa y, de algún modo, peligrosa.
Al final todo trata de una lucha de clases, de una lucha de poder o de una lucha ideológica. Y, muchas veces, de todo a la vez.
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