viernes, 27 de noviembre de 2015

Siestas en sofás

Siestas en sofás que saben a gloria, una televisión, un sofá y una manta. Y una familia debajo de esa manta. Las manos infantiles que agarran la solapa de mi pijama, la boca que agarra mi pezón. Miradas que matan de amor hasta que cierran los ojos. Y volamos, los tres juntos, a un mundo mullido en el que descansamos, al fin, de toda la semana.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Me tienen que poner en mi lugar

Mi marido me tiene que poner en mi lugar, como hacen los buenos maridos. Me tiene que dar mi sitio, ese sitio que corresponde a las mujeres. Poner a las mujeres en su sitio, eso es lo que hacen los hombres y eso es lo que le han pedido que haga hoy.

Así que mi marido me ha puesto hoy en mi lugar y me ha dicho que llevo 8 años trabajando como una condenada. Que me he ocupado de las finanzas, de la casa, de trabajar fuera, de mantener a la familia cuando él no tenía trabajo, de ser la fuerte cuando todo el mundo era débil, de ampliar la familia, de ahorrar dinero, de organizar las visitas médicas, de montar cumpleaños, de organizar viajes, de escribir, de seguir nuestros sueños, de cocinar, de aportar otro punto de vista... y que me lo agradece mucho.

Y qué voy a hacer, pues se lo he agradecido yo también a él. No viene mal que de vez en cuando te digan que haces algunas cosas bien. Que sí, que se sigue siendo imperfecta (a Dios gracias), pero a veces llega a la patata que la persona con la que compartes tu vida, con la que es inevitable que tengas roces, te diga que no te da por sentado después de tantos años.

A la persona que le ha pedido que me pongan en mi lugar, lo único que me gustaría decirle es que le vayan dando. A veces, a la gente se le olvida quién manda en la vida de uno. Así que, en mi vida, yo ya estoy en mi lugar. ¿Y tú, bonita, estás en el tuyo? A juzgar por tus ansias de control, me parece que no.

martes, 15 de septiembre de 2015

Perdida

Líbido se ha perdido.

La última vez que la vi, vestía collar de cuero rosa con pinchos y lencería a juego, le gustaban los ramos de flores y las sábanas recién puestas. Salió corriendo tras un estallido de prolactina tras el parto y desde entonces la hemos visto unas cuantas veces pero no las suficientes como para que podamos atraerla hasta casa. La echamos mucho de menos, especialmente mi marido.

Se recompensará a quien la encuentre y la traiga a nuestro hogar, sana y salva.

La guillotina está pronta

viernes, 11 de septiembre de 2015

Cuando la olla a presión estalla

El otro día cogí el teléfono para no decir nada bonito. La olla a presión había estallado. La otra persona, juguetona, con actitud de niña de 15 años, quiso hacerse la estupenda.

Salvo que yo ya no quería que se hiciera más la estupenda. Los viejos trucos ya no cuelan. Así que le dije tres cosas que yo necesitaba decir y ella escuchar.

Quizá las verdades duelan, pero en este caso ya me da igual.

martes, 1 de septiembre de 2015

Momentum

Hay instantes en la vida en los que parece que alguien le ha dado al Fast Forward.

Hay otros instantes en los que todo va despacio. Alguien pulsa pausa para ver cómo es el fotograma.

A veces tenemos miedo de perder momentum cuando eso sucede.

domingo, 30 de agosto de 2015

Me enamoré de un hombre libre

Me enamoré de un hombre libre, un hombre que me enseñó a soñar. Me enamoré de un duendecillo de inspiración y sonrisa fáciles, de un niño grande con ganas de comerse el mundo. Me enamoré de alguien que siempre confiaba en mí, que me apoyaba en todas mis locuras.

Durante estos cinco años en esta ciudad he visto languidecer a ese hombre. Le han metido en una pompa de jabón, desde la cual ve el mundo y su grandeza, desde donde le permiten ver, maravillado, qué es lo que hacen los demás. Le cuentan historias de lo estupenda que será su vida si hace lo que quieren otros para, a continuación, romperle la pompa. Entonces le dejan caer y le vuelven a meter en otra pompa, desde la cual se vuelve a repetir la escena. Sin capacidad para dirigir la frágil pompa de jabón hacia donde él quiere, cae para tan sólo volver a salir a flote durante un momento. Una indefensión aprendida de la que es muy difícil salir.

El teléfono, con su ominoso, insistente y constante pitido, se ha encargado durante este tiempo de recordarle cuál es el lugar que los demás han reservado para él. Le he visto levantarse a las dos de la mañana para resolver situaciones que, con un poco de sentido común, las podrían haber solucionado los demás. Le he visto bloqueado, triste, canoso. He visto cómo su rostro se llenaba de arrugas, cómo se pintaban infinitas ojeras bajo sus ojos. Le he visto infantilizado, usado, manipulado, privado de autoridad sobre su propia vida. He visto cómo se enfriaba su almuerzo, cómo le requerían en festivo, en domingo, a horas intempestivas o durante un fin de semana romántico. He visto cómo se ausentaba durante los primeros días de vida de su hija, porque alguien creía ser tan importante como para exigirle que renunciara a un momento irrepetible. He visto cómo se usaba su imagen, cómo se exhibía una perfección facebookiana, de familia de ensueño, cuando hasta a mí me costaba sonreír para la foto y eso que no soy parte de la dinámica. Finalmente, cansado, he visto cómo claudicaba, agachaba la cabeza listo para aceptar una vida que no era la suya, en un sueño que nunca fue el suyo, él que me enseñó que luchar por los sueños de uno.

Sigo enamorada de ese hombre. Sigo pensando que aquel niño grande con ganas de comerse el mundo sigue ahí, en alguna parte. Sólo le han metido en una pompa y le han enseñado a estar constantemente cayendo, pero a mi mirlo no le han cortado las alas. No pueden. Todavía vuela dentro de su mente, todavía se rebela, todavía se atreve a soñar aunque no lo dice. Oculta sus sueños tras una sonrisa tranquila. Pide cosas tímidamente: una licencia de software, una mensualidad de artes marciales... todos piensan que son sus hobbies, que no tienen importancia, cuando en realidad son sus anhelos más profundos.

En los últimos meses he visto apagarse las luces y caer el telón todas las noches, y nunca he visto a esas personas que tanto han exigido de él echar una mano. Nadie ha venido a limpiar el baño, ni a hacer la comida, ni a poner lavadoras, ni a calmar a nuestra hija. Ellos quieren la foto en facebook, lucir una imagen perfecta y profesional, y decir que somos todos muy felices. Y en nuestra casa es verdad: somos muy felices cuando no tenemos que aparentarlo. Porque si se aparenta, entonces es lo de siempre, vivir lo que otros quieren que vivas, sonreír para la foto cuando otros quieren que sonrías, soñar con la vida que otros quieren que sueñes, vivir donde otros quieren que vivas. Ese hombre grande con espíritu de niño, que no ha dejado de soñar, por fin se ha dado cuenta. Si nadie va a dar a cambio aunque sea venir en su ayuda cuando lo necesita, porque está rendido, porque no duerme, porque se preocupa por llegar a final de mes, a pesar de lo mucho que él ha dado por ellos, entonces, ¿qué le ata a la pompa que siempre cae? ¿Qué le debe a esa pompa y a esos sueños ajenos?

"Al fin y al cabo es una pompa de jabón", se dice ahora ese hombre, "¿qué me impide romperla?".