Sueño con unas vacaciones junto al mar, con un mojito en la mano.
Sueño con abrir la ventana a la aventura, a explorar. A una partida de enanos y un mago que me hagan ir a robar un tesoro de un dragón.
Y sueño con las nieves del Kilimanjaro.
sábado, 23 de enero de 2016
sábado, 16 de enero de 2016
Entonar el Let It Go
Cuántas veces en mi vida he entonado el Let It Go, he buscado esa soledad en la que soy reina de mis propios pensamientos. En la que no tengo que compartir con gente que sólo se escucha a sí misma.
Déjalo ir, let it go, para surgir como el amanecer. Para mostrarse ante el espejo como uno realmente es. Para dejar que la tormenta ruja, los mares se levanten, los truenos golpeen el suelo que se pisa.
Déjalo ir, let it go, para surgir como el amanecer. Para mostrarse ante el espejo como uno realmente es. Para dejar que la tormenta ruja, los mares se levanten, los truenos golpeen el suelo que se pisa.
lunes, 28 de diciembre de 2015
Mi cesto de manzanas
Había cesto de manzanas que era muy feliz hasta que metieron a dos manzanas podridas que venían de otro manzano. Esas dos manzanas le decían al resto del cesto lo que tenían que hacer, qué comprar, dónde ir, cómo posar, dónde vivir, de qué ganarse la vida y hasta a quién considerar su manzano de referencia. Hasta que un día, el cesto dijo que ya bastaba de manipular, tergiversar y exigir, y las dos manzanas, muy dolidas, decidieron que eran demasiado buenas para ese cesto.
Para su sorpresa, el resto de las manzanas suspiraron aliviadas. Qué alivio fue, darse cuenta de que esas dos manzanas estaban podridas pese a su imagen impoluta. Qué alivio fue, por una vez en la vida, tomar decisiones que sólo le correspondían al cesto.
A esas manzanas podridas sólo les deseo que sigan pudriendo si quieren, pero muy lejos de nuestro cesto. Gracias.
Para su sorpresa, el resto de las manzanas suspiraron aliviadas. Qué alivio fue, darse cuenta de que esas dos manzanas estaban podridas pese a su imagen impoluta. Qué alivio fue, por una vez en la vida, tomar decisiones que sólo le correspondían al cesto.
A esas manzanas podridas sólo les deseo que sigan pudriendo si quieren, pero muy lejos de nuestro cesto. Gracias.
viernes, 27 de noviembre de 2015
Siestas en sofás
Siestas en sofás que saben a gloria, una televisión, un sofá y una manta. Y una familia debajo de esa manta. Las manos infantiles que agarran la solapa de mi pijama, la boca que agarra mi pezón. Miradas que matan de amor hasta que cierran los ojos. Y volamos, los tres juntos, a un mundo mullido en el que descansamos, al fin, de toda la semana.
lunes, 28 de septiembre de 2015
Me tienen que poner en mi lugar
Mi marido me tiene que poner en mi lugar, como hacen los buenos maridos. Me tiene que dar mi sitio, ese sitio que corresponde a las mujeres. Poner a las mujeres en su sitio, eso es lo que hacen los hombres y eso es lo que le han pedido que haga hoy.
Así que mi marido me ha puesto hoy en mi lugar y me ha dicho que llevo 8 años trabajando como una condenada. Que me he ocupado de las finanzas, de la casa, de trabajar fuera, de mantener a la familia cuando él no tenía trabajo, de ser la fuerte cuando todo el mundo era débil, de ampliar la familia, de ahorrar dinero, de organizar las visitas médicas, de montar cumpleaños, de organizar viajes, de escribir, de seguir nuestros sueños, de cocinar, de aportar otro punto de vista... y que me lo agradece mucho.
Y qué voy a hacer, pues se lo he agradecido yo también a él. No viene mal que de vez en cuando te digan que haces algunas cosas bien. Que sí, que se sigue siendo imperfecta (a Dios gracias), pero a veces llega a la patata que la persona con la que compartes tu vida, con la que es inevitable que tengas roces, te diga que no te da por sentado después de tantos años.
A la persona que le ha pedido que me pongan en mi lugar, lo único que me gustaría decirle es que le vayan dando. A veces, a la gente se le olvida quién manda en la vida de uno. Así que, en mi vida, yo ya estoy en mi lugar. ¿Y tú, bonita, estás en el tuyo? A juzgar por tus ansias de control, me parece que no.
Así que mi marido me ha puesto hoy en mi lugar y me ha dicho que llevo 8 años trabajando como una condenada. Que me he ocupado de las finanzas, de la casa, de trabajar fuera, de mantener a la familia cuando él no tenía trabajo, de ser la fuerte cuando todo el mundo era débil, de ampliar la familia, de ahorrar dinero, de organizar las visitas médicas, de montar cumpleaños, de organizar viajes, de escribir, de seguir nuestros sueños, de cocinar, de aportar otro punto de vista... y que me lo agradece mucho.
Y qué voy a hacer, pues se lo he agradecido yo también a él. No viene mal que de vez en cuando te digan que haces algunas cosas bien. Que sí, que se sigue siendo imperfecta (a Dios gracias), pero a veces llega a la patata que la persona con la que compartes tu vida, con la que es inevitable que tengas roces, te diga que no te da por sentado después de tantos años.
A la persona que le ha pedido que me pongan en mi lugar, lo único que me gustaría decirle es que le vayan dando. A veces, a la gente se le olvida quién manda en la vida de uno. Así que, en mi vida, yo ya estoy en mi lugar. ¿Y tú, bonita, estás en el tuyo? A juzgar por tus ansias de control, me parece que no.
martes, 15 de septiembre de 2015
Perdida
Líbido se ha perdido.
La última vez que la vi, vestía collar de cuero rosa con pinchos y lencería a juego, le gustaban los ramos de flores y las sábanas recién puestas. Salió corriendo tras un estallido de prolactina tras el parto y desde entonces la hemos visto unas cuantas veces pero no las suficientes como para que podamos atraerla hasta casa. La echamos mucho de menos, especialmente mi marido.
Se recompensará a quien la encuentre y la traiga a nuestro hogar, sana y salva.
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