lunes, 25 de enero de 2021

Esta mañana llovió

Esta mañana llovió.

En realidad, me dio un poco igual en el momento, porque total, una gota más que menos, en estos tiempos de trabajar aislados unos de otros, en los que la lluvia importa nada más que para llevar a los churumbeles al cole, pues no tiene mucho sentido preocuparse porque caigan tres gotas.

Pasó el día, entre Exceles, reuniones, llamadas y risas a distancia. Cayó la noche, con sus alas negras, como si Hugin y Munnin recorrieran el cielo. Salí a la calle a tirar la basura, un acto bastante mundano, cargada con cajas de Amazon. Un signo de los tiempos extraños que vivimos.

Y solo entonces, en la oscuridad de las calles, pude apreciar la humedad y el frescor de la lluvia de la mañana.

Mis pies, calzados en zapatillas de deporte, se deslizaron por las aceras en un paseo más que necesario, vital. En mis oídos, primero la voz de una amiga que me hablaba por Whatsapp. Después, la música de alguna estrella vigente a principios de siglo. Una vuelta a aquello que me llama a mi propia esencia. Y, por un momento, vuelvo a la vida normal, real, la que había antes de la pandemia. 

Por un instante, he recordado lo que era volver a casa del trabajo andando, o del dentista, o lo que era caminar por una acera húmeda con la lluvia de la mañana. 

Y he podido apreciar las gotas que cayeron durante el día. Y la vida que llevaba antes de que todo cambiara. Qué lejano parece todo.


sábado, 20 de julio de 2019

No se puede criar así

No se puede criar a alguien que no desea ser criado, ese debería ser lo primero en ser mencionado.
No se puede criar a quien desobedece por sistema, no atiende a razones, no cumple promesas y dice que va a aprobar la asignatura para no aprobarla hasta trece convocatorias después. Quien gasta dinero, pero no aporta para las compras del día a día.
Un niño caprichoso, siempre malhumorado, que pide y nunca da.
Ausente emocionalmente, siempre inseguro, a veces extra dependiente, siempre preocupado, nunca ocupado. Que tiende a aislarse para no ver que la realidad es hermosa.
No se puede criar a un niño de cuarenta, que se cree capitán de su barco y no llega a polizón.

viernes, 4 de enero de 2019

Como un rayo

Era un ritual habitual: estar en la bañera, dejando que el agua cayera por mi pelo, se deslizara por mi cara, mojara mi cuerpo. Disfrutar del olor del jabón, de la sensación de limpieza, del calor del agua. No pensar en nada, solo estar en el momento, en el cuerpo, en el agua, con los ojos cerrados y la mente en blanco. Como una pequeña muerte con olor a fresas.

Lo que tiene vaciar tu mente cuando eres yo, es que a veces vienen otros entes a poblarla porque ven espacio de sobra para habitarla. Entonces, me golpeó, como un rayo. Chocó contra mi frente tan fuerte que, si hubiese sido Zeus, de aquel golpe habría salido Atenea, completamente armada para la batalla. 

¿Qué puedo hacer en ese caso? Pues entregarme, dejarme llevar y esperar a que la historia se escriba sola.

Trampantojos sonoros


miércoles, 26 de diciembre de 2018

La crisis de la mediana edad

Y vino, la muy hija de... su madre. A cuestionar cada una de las decisiones que tomé, a repasar cada fallo, a hacerme cargar con los esqueletos de dentro del armario.

Así que, qué remedio, me hice con una buena pala para volver a enterrar a mis cadáveres psicológicos, esperando a que hubiera muchos. En principio, debido a la cantidad de moho de los recuerdos, parecía que habría muertos desde la época romana, pero estaba equivocada. No había más que viejas cajas llenas de fotos y muchas, muchísimas decisiones acertadas.

Casi todas las decisiones malas se centraban en los últimos 8 ó 9 años, porque nadie es perfecto. Pero no puedo arrepentirme de lo hecho: en ese momento eran las mejores decisiones que podía tomar.

Al principio, volver la vista atrás era como entrar en una montaña rusa de culpabilidad. Con el paso de los meses, hacerlo resulta sanador. Hay muchas decisiones bien hechas, que simplemente pesaron con el tiempo porque el coste de oportunidad es algo que no se puede controlar. Pero no puedo negar que muchas de las decisiones que tomé fueron basadas en el respeto propio, en el establecimiento de límites. Esa Yo más joven era una chica lista, aunque se moviera por instinto.

Por lo único que siento un poco de tristeza es por no poder volver atrás y decirle lo orgullosa que estoy de ella.


domingo, 18 de noviembre de 2018

Sigue soñando

Cuando era pequeña pensaba que tenía la capacidad de hacer que mis sueños se volvieran realidad. Y cuando quería algo, por grande que fuese, soñaba despierta con ello con mucha, mucha fuerza.

Ahora soy mayor y, a ratos, pienso que he perdido la capacidad de soñar. Pero entonces miro hacia atrás y recuerdo a aquella niña que soñaba despierta, y todo lo que consiguió a lo largo de estos años. Sólo veo una constante: las horas dedicadas a imaginar, a visualizar, a soñar despierta en aquello que deseaba. Hay quien llama a eso magia, hay quien lo llama visualización creativa. Yo lo llamo no vivir con los pies en el suelo, seguir soñando, imaginar cómo sería para que, cuando llegue el momento, esté preparada para tomar esa oportunidad que tanto tiempo he invertido en concebir.


miércoles, 26 de septiembre de 2018

La vida sigue ¿igual?

Me asombra la gente que dice que su vida sigue igual que hace quince años. Que tiene un coche, una casa, que vive donde vivía hace todo ese tiempo. Que tiene a sus padres vivos y sale con los mismos amigos. Que trabaja en el mismo sitio donde trabajaba.

Me parece asombroso porque mi vida ha cambiado tanto en un año que no concibo que haya gente que viva siempre igual. Y si lo miro en más retrospectiva, mi vida no es para nada la misma que hace dos, o tres, o cuatro y, desde luego, no se parece en nada a la vida que tenía hace cinco años.

Supongo que es el sino de los tiempos.