Hace un par de años que mi pareja y yo dejamos de ver la tele. Vivíamos en un apartamento donde compartíamos despacho, y era mucho más sencillo disfrutar de la mutua compañía jugando al ordenador mientras hablábamos de nuestras cosas.
Sin embargo, cuando nos mudamos a Granada yo me empeñé en tener mi propio despacho. Necesitaba descanso del teléfono constante que envuelve la jornada de trabajo de mi marido, un poco de intimidad para mis largas sesiones de yoga y meditación entre horas, y un poco de tranquilidad para poder trabajar. Así, no nos veíamos más que para cenar, y con suerte, porque la mitad de las veces cenábamos cada uno en su despacho.
Hasta que un buen día encendimos la televisión. Fue no hace mucho, creo que el año pasado cuando nos compramos el sofá. En aquel momento, acurrucados bajo nuestro plaid, viendo una serie cualquiera y disfrutando de nuestra mutua compañía, nos dimos cuenta de para qué servía la televisión. ¡Bendito invento!
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada